La Segunda Guerra Mundial
fue el conflicto más mortífero de la historia. Millones de personas, tanto
soldados como civiles, murieron en las distintas batallas que se sucedieron en
los 6 años que duró. Analizamos los momentos decisivos, desde Dunkerque hasta
Stalingrado, Iwo Jima o el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki. Y echamos la
vista atrás para conocer a los personajes decisivos, como Churchill, Hitler,
Goebbels o Einstein. No te pierdas los detallados reportajes sobre la II Guerra
Mundial así como las fotografías históricas.
Causas
en Europa
El Tratado de
Versalles y la humillación alemana
El Tratado de Versalles obligó a Alemania a aceptar total
responsabilidad por el conflicto de la Primera Guerra Mundial. En consecuencia,
se le impusieron unos términos de rendición absolutamente humillantes y
desmesurados.
Entre otras cosas, el tratado obligaba a Alemania a:
-consignar armamento y navíos militares a los Aliados;
-reducir el ejército alemán a 100 mil soldados;
-repartir entre los vencedores los territorios anexados o
administrados por Alemania;
-pagar una indemnización escandalosa a los Aliados.
Tales condiciones impedían la recuperación de Alemania,
lo que despertó el malestar popular de la nación germana, el resentimiento y el
deseo de revancha.
Desconocimiento de los acuerdos con Italia tras el
Tratado de Versalles
En la Primera Guerra Mundial, Italia no quiso sumarse a
la declaración de guerra de la Triple Alianza, a la que pertenecía junto a
Alemania y Austria-Hungría. Por su parte, la Triple Entente le ofreció una
compensación territorial a cambio de luchar a su lado, cosa que aceptó.
El compromiso adquirido por los Aliados fue desconocido
en el Tratado de Versalles, e Italia solo recibió una parte de lo acordado.
Esto despertó el deseo de reivindicación de Italia, especialmente en aquellos
que lucharon en el frente de guerra, como Benito Mussolini.
Crecimiento de las
tensiones étnicas
Las tensiones étnicas crecieron en este período y
prepararon el ambiente de confrontación. Fueron consecuencia del reparto
territorial promovido en el Tratado de Versalles.
Así, por un lado, una Italia resentida ansiaba una
reivindicación frente a los Aliados; por el otro, en una Alemania oprimida
despertaba el deseo de restauración territorial y expansión.
Junto a esto, en Alemania crecía la percepción de que el
poder económico judío, que controlaba buena parte del sistema financiero,
representaba un obstáculo para el desarrollo de la economía nacional. Esto
fortaleció el antisemitismo.
Resentimiento
alemán
El 9 de
noviembre de 1919, el Imperio
Alemán, uno de los promotores e impulsores de la Primera Guerra Mundial había caído
tras la abdicación del kaiser Guillermo II y la posterior
proclamación de la República alemana o República de Weimar. El nuevo gobierno,
dividido entre socialistas y conservadores tuvo que encarar las consecuencias
de la aplicación de los acuerdos del Tratado de
Versalles[3],
el cual establecía en algunas de sus clausulas las siguientes medidas:
Pago
de indemnizaciones por parte de Alemania a los Aliados por las perdidas
económicas sufridas por los mismos a causa de la guerra.
Reducción
del ejército alemán a la cantidad de 100 mil hombres, sin el derecho de poseer
ninguna arma moderna de combate (tanques, aviación y submarinos).
Reducción
de la Flota Alemana a buques menores a las 10 mil toneladas.
Pérdida
de importantes y estratégicos territorios alemanes como Alsacia y Lorena, Sarre, Schleswig-Holstein, gran parte de
la región de Prusia Occidental y la mayoría de las colonias alemanas en África y Oceanía.
Tales
medidas condicionaron la formación de un resentimiento hacia la pérdida de
territorio nacional así como por el robo de la soberanía de Alemania y su
gobierno, los cuales pasaron a ser controlados por entes externos como los
gobiernos de Francia y Reino Unido asi
como la Sociedad de Naciones. Dentro de ese
contexto, se comienza a formar el llamado movimiento "nacionalsocialista" el
cual en sus inicios estuvo dirigido por el Partido Obrero Alemán hasta que
el 24 de febrero de 1920 el partido
cambiara de nombre para convertirse en Partido Nacionalsocialista Obrero
Alemán cuya figura principal era Adolf Hitler.
Situación
italiana
Italia, una de las
vencedoras de la Guerra, no recibió suficientes concesiones territoriales para
compensar el costo de la guerra ni para ver cumplidas sus ambiciones, por ello
no había quedado con la repartición de territorios en virtud del Tratado de
Versalles, en la cual Francia, Reino Unido y Bélgica habían
sacado los mayores resultados. Por otra parte, la dura situación en los campos
así como la carestía en las ciudades, hicieron crecer el descontento popular
hacia el gobierno socialista encabezado por el Partido Socialista Italiano y
con ello el ascenso al poder del Partido Nacional Fascista de Benito
Mussolini.
Ideologías anticomunistas: el Fascismo y el Nazismo
Fascismo:
Mussolini fundó en 1914 un periódico, "Il popolo d'Italia", tribuna
que utilizó para incitar la entrada de Italia a la Primera Guerra Mundial.[4]
Al término del conflicto bélico, creó una unión de ex-combatientes bautizada
como "FFasci di combattimento".[4] De este grupo nació el movimiento
fascista, de cuño nacionalista y anticomunista. Los fascistas declararon la
lucha al comunismo y al débil gobierno de la época, organizando expediciones a
los pueblos italianos, donde obligaban a dimitir a los alcaldes socialistas.
Benito Mussolini estableció
en Italia en 1922 la primera dictadura fascista. Su régimen fue nacionalista y
totalitario. La economía se organizó en base a corporaciones gremiales que
agrupaban a obreros y patrones. El corporativismo es una de las características
principales que identificaron al fascismo. La preparación militar de la
población fue otro de los objetivos del régimen fascista.
Nazismo:
Adolf Hitler postulaba que según las leyes naturales, los más fuertes debían
imponerse a los más débiles. También consideraba que existía una tendencia
natural hacia la duración de las razas, idea en la que se basó para luchar por
la pureza de la raza aria, tronco étnico de lo germanos.
Según Hitler, los arios eran
una raza privilegiada "forjadora de cultura".[7] Los judíos, en
cambio, representaban para él un pueblo destructor de esa cultura. Hitler veía
en el antisemitismo un fundamento de su misión histórica. Esto le llevó a
desencadenar una implacable persecución, que comenzó por despojar a los judíos
de sus bienes, continuó con su discriminación en todos los aspectos y culminó
con cinco millones de víctimas en los campos de concentración. Nacionalismos
que se transforman en imperialismos.
Las apetencias de expansión
y dominio del régimen nacional socialista que desembocaron en la invasión de
Polonia por Alemania, significó el estallido de la guerra dos días después. La
agresión de Alemania a Polonia se hacía inevitable. Polonia, Estado eslavo,
constituía una traba para la expansión hacia el este soñada por Hitler. Desde
1919, Alemania intentaba formular una reclamación de índole fronteriza a costa
de Polonia, país que comprendía una minoría germana entre 700 y 800 mil
individuos, que en opinión de los alemanes, las fronteras de Alta Silesia
también constituían una "flagrante injusticia". Además, la cuestión
de Danzig (Gdańsk) y el corredor polaco venían produciendo grandes fricciones
entre Varsovia y Berlín. En 1919 Danzig se convirtió en un estado libre bajo
control de la Sociedad de Naciones,[8] pero Alemania lo reivindicaba por
estimar que su población era casi exclusivamente de lengua alemana.
La rendición.
Si en el anterior artículo explicábamos
como la situación de Alemania, a causa de las duras condiciones del Tratado de
Versalles, supuso un aliciente para el estallido del nuevo conflicto, las
exigidas en esta nueva rendición no fueron menos severas. Alemania debió
aceptar la rendición incondicional y los aliados dividieron su territorio en
cuatro zonas de ocupación (norteamericana, inglesa, francesa y soviética).
La ciudad de Berlín, situada en la zona
rusa, también fue dividida en cuatro zonas. Además, Alemania sufrió el
desmantelamiento de su potente aparato industrial, fuente de su poder
armamentístico, cierto, pero también la fuente de toda su infraestructura y
poder económico.
En el caso de Japón las consecuencias
fueron más drásticas, pues firmó la rendición tras las bombas nucleares de
Hiroshima y Nagasaki, que dejaron serias secuelas tanto entre su población como
en sus campos de cultivo durante generaciones, y supuso el inicio de la carrera
armamentística nuclear que originó las grandes tensiones de la Guerra Fría.
Bomba atómica sobre Nagasaki
Los cambios territoriales.
Austria y Checoslovaquia recuperaron su
autonomía. La frontera polaca siguió la línea del Order-Neisse y en
consecuencia, Alemania perdió la Prusia Oriental y los territorios ubicados al
este de dicha línea. Los aliados de Alemania (Bulgaria, Hungría, Rumania y
Finlandia) firmaron tratados de paz con los aliados, imponiéndose las
condiciones dictadas por los soviéticos que ocupaban esos países.
Italia perdió su imperio colonial:
Trieste fue entregada a una comisión internacional, en tanto que l Venecia
Julia pasó a manos de Yugoslavia. Japón perdió sus conquistas. China recuperó
Formosa y la U.R.S.S. recuperó Salajín. Los Estados Unidos, por su parte,
ocuparon posiciones estratégicas en el Pacífico y Corea quedó ocupada por
fuerzas norteamericanas y soviéticas. De ésta ocupación y contaminación
ideológica (en la que ambos bloques son responsables) surgió el caldo de
cultivo que degeneraría años más tarde en el conflicto de la “Guerra de Corea”
Los cambios políticos y la cooperación
internacional.
Europa perdió gran parte de su poder
frente a Estados Unidos, lo que llevó a la hegemonía de las dos superpotencias
vencedoras: E.E.U.U. como defensor del modelo capitalista de mercado y
U.R.S.S., defensora del comunismo, que empezó a expandirse por la tullida
Europa Oriental y los Balcanes. Esto originó un nuevo conflicto ideológico que
durante varias décadas sembró el temor ante una nueva guerra a escala global,
en esta ocasión atómica. Y es que Rusia, bloque antagónico a los Estados
Unidos, también invirtió en armamento nuclear. El mundo se volvió a dividir en
dos bloques enfrentados que se miraban con creciente hostilidad.
No obstante, en esta época de tensiones,
en la vieja Europa, renació aquella vieja idea de la cooperación como
herramienta de unificación al servicio de la paz y la concordia. Es más, se
entendió de forma paulatina que para que la paz fuese estable y duradera no
sólo hacía falta cooperar sino responsabilizarse de las acciones. Se debían
ceder competencias a favor de una unidad europea. Aunque no ocurrió de la noche
a la mañana, de hecho aún se trabaja en este sentido, esta ambiciosa idea cobró
verdadera importancia después de la Segunda Guerra Mundial.
Así nacieron primero organizaciones
internacionales como las Naciones Unidas, cuyos objetivos fueron mantener la
paz y la seguridad internacional, fomentar relaciones amistosas entra las
naciones y la solidaridad internacional, y promover la cooperación internacional
para la resolución de problemas de orden económico, social y cultural.
Fruto de ésta nueva ideología también
nacieron, esta vez en el marco europeo, otras organizaciones destinadas a la
colaboración e integración como la CECA, EURATOM y la CEE.
La Cortina de Hierro, que dividió a
Europa en dos bloques bien definidos
La Guerra Fría: temor a un conflicto
nuclear.
La derrota del totalitarismo
nazi-fascista no garantizó las buenas relaciones entre las potencias
vencedoras, como ya hemos apuntado, las cosas fueron bien distintas. En 1947 se
inicia la “Guerra Fría“, expresión usada para definir la tensión entre las dos
grandes superpotencias y sus aliados (la U.R.S.S. y las llamadas “democracias
populares” frente a las democracias occidentales). Ambos bloques iniciaron una
carreara armamentista, propagandística y diplomática que llegó, en varias
ocasiones, al borde de la “guerra nuclear“. Aquella guerra psicológica
terminaría con un claro vencedor, los Estados Unidos y el capitalismo como
modelo de mercado internacional, lo que supuso la hegemonía de EEUU como
superpotencia internacional.
El papel de los Estados Unidos en la
restructuración de Europa.
Estados Unidos fue quien ayudó a
resurgir a la vieja Europa gracias al llamado Plan Marshall que ayudó
económicamente a reconstruir las principales infraestructuras europeas
destruidas durante la guerra y que permitió a los Estados Unidos no sólo
mantener a raya la expansión del bloque soviético, sino convertirse en el
banquero de Europa, asentado su estatus de superpotencia.
Para terminar, no debemos olvidar las
repercusiones que la política de bloques surgida tras la guerra ocasionó en los
distintos países satélites, tanto del bloque capitalista como del soviético,
que han degenerado en lamentables guerras civiles durante la última década del
siglo XX y de las que hablaremos en próximos artículos.
CONSECUENCIAS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL EL TRATADO DE VERSALLES El Tratado de Versalles de 1919 fue uno de los tratados de paz que se firmaron al final de la Primera Guerra Mundial y que puso fin a esta de manera oficial. Fue firmado el 28 de junio de 1919 , exactamente cinco años después del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria que provocó el inicio de la conflagración mundial. Anteriormente, el 11 de noviembre de 1918 se había firmado un armisticio que puso fin a los combates. Una de las más importantes y controvertidas disposiciones del tratado, estipulaba que Alemania estaba obligada a aceptar la responsabilidad de haber iniciado la guerra (junto con Austria y Hungría , de acuerdo con el Tratado de Saint-Germain-en-Laye y el Tratado de Trianon ), debía entrar en un proceso de desarme, realizar importantes concesi...
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