SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL 1939 - 1945


La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto más mortífero de la historia. Millones de personas, tanto soldados como civiles, murieron en las distintas batallas que se sucedieron en los 6 años que duró. Analizamos los momentos decisivos, desde Dunkerque hasta Stalingrado, Iwo Jima o el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki. Y echamos la vista atrás para conocer a los personajes decisivos, como Churchill, Hitler, Goebbels o Einstein. No te pierdas los detallados reportajes sobre la II Guerra Mundial así como las fotografías históricas.


Causas en Europa

El Tratado de Versalles y la humillación alemana

El Tratado de Versalles obligó a Alemania a aceptar total responsabilidad por el conflicto de la Primera Guerra Mundial. En consecuencia, se le impusieron unos términos de rendición absolutamente humillantes y desmesurados.
Entre otras cosas, el tratado obligaba a Alemania a:

-       consignar armamento y navíos militares a los Aliados;
-       reducir el ejército alemán a 100 mil soldados;
-       repartir entre los vencedores los territorios anexados o administrados por Alemania;
-       pagar una indemnización escandalosa a los Aliados.

Tales condiciones impedían la recuperación de Alemania, lo que despertó el malestar popular de la nación germana, el resentimiento y el deseo de revancha.

Desconocimiento de los acuerdos con Italia tras el Tratado de Versalles
En la Primera Guerra Mundial, Italia no quiso sumarse a la declaración de guerra de la Triple Alianza, a la que pertenecía junto a Alemania y Austria-Hungría. Por su parte, la Triple Entente le ofreció una compensación territorial a cambio de luchar a su lado, cosa que aceptó.

El compromiso adquirido por los Aliados fue desconocido en el Tratado de Versalles, e Italia solo recibió una parte de lo acordado. Esto despertó el deseo de reivindicación de Italia, especialmente en aquellos que lucharon en el frente de guerra, como Benito Mussolini.

Crecimiento de las tensiones étnicas
Las tensiones étnicas crecieron en este período y prepararon el ambiente de confrontación. Fueron consecuencia del reparto territorial promovido en el Tratado de Versalles.
Así, por un lado, una Italia resentida ansiaba una reivindicación frente a los Aliados; por el otro, en una Alemania oprimida despertaba el deseo de restauración territorial y expansión.
Junto a esto, en Alemania crecía la percepción de que el poder económico judío, que controlaba buena parte del sistema financiero, representaba un obstáculo para el desarrollo de la economía nacional. Esto fortaleció el antisemitismo.

Resentimiento alemán
El 9 de noviembre de 1919, el Imperio Alemán, uno de los promotores e impulsores de la Primera Guerra Mundial había caído tras la abdicación del kaiser Guillermo II y la posterior proclamación de la República alemana o República de Weimar. El nuevo gobierno, dividido entre socialistas y conservadores tuvo que encarar las consecuencias de la aplicación de los acuerdos del Tratado de Versalles[3], el cual establecía en algunas de sus clausulas las siguientes medidas:
Pago de indemnizaciones por parte de Alemania a los Aliados por las perdidas económicas sufridas por los mismos a causa de la guerra.
Reducción del ejército alemán a la cantidad de 100 mil hombres, sin el derecho de poseer ninguna arma moderna de combate (tanques, aviación y submarinos).
Reducción de la Flota Alemana a buques menores a las 10 mil toneladas.
Pérdida de importantes y estratégicos territorios alemanes como Alsacia y Lorena, Sarre, Schleswig-Holstein, gran parte de la región de Prusia Occidental y la mayoría de las colonias alemanas en África y Oceanía.
Tales medidas condicionaron la formación de un resentimiento hacia la pérdida de territorio nacional así como por el robo de la soberanía de Alemania y su gobierno, los cuales pasaron a ser controlados por entes externos como los gobiernos de Francia y Reino Unido asi como la Sociedad de Naciones. Dentro de ese contexto, se comienza a formar el llamado movimiento "nacionalsocialista" el cual en sus inicios estuvo dirigido por el Partido Obrero Alemán hasta que el 24 de febrero de 1920 el partido cambiara de nombre para convertirse en Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán cuya figura principal era Adolf Hitler.

Situación italiana
Italia, una de las vencedoras de la Guerra, no recibió suficientes concesiones territoriales para compensar el costo de la guerra ni para ver cumplidas sus ambiciones, por ello no había quedado con la repartición de territorios en virtud del Tratado de Versalles, en la cual Francia, Reino Unido y Bélgica habían sacado los mayores resultados. Por otra parte, la dura situación en los campos así como la carestía en las ciudades, hicieron crecer el descontento popular hacia el gobierno socialista encabezado por el Partido Socialista Italiano y con ello el ascenso al poder del Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini.


Ideologías anticomunistas: el Fascismo y el Nazismo

Fascismo: Mussolini fundó en 1914 un periódico, "Il popolo d'Italia", tribuna que utilizó para incitar la entrada de Italia a la Primera Guerra Mundial.[4] Al término del conflicto bélico, creó una unión de ex-combatientes bautizada como "FFasci di combattimento".[4] De este grupo nació el movimiento fascista, de cuño nacionalista y anticomunista. Los fascistas declararon la lucha al comunismo y al débil gobierno de la época, organizando expediciones a los pueblos italianos, donde obligaban a dimitir a los alcaldes socialistas.
Benito Mussolini estableció en Italia en 1922 la primera dictadura fascista. Su régimen fue nacionalista y totalitario. La economía se organizó en base a corporaciones gremiales que agrupaban a obreros y patrones. El corporativismo es una de las características principales que identificaron al fascismo. La preparación militar de la población fue otro de los objetivos del régimen fascista.

Nazismo: Adolf Hitler postulaba que según las leyes naturales, los más fuertes debían imponerse a los más débiles. También consideraba que existía una tendencia natural hacia la duración de las razas, idea en la que se basó para luchar por la pureza de la raza aria, tronco étnico de lo germanos.
Según Hitler, los arios eran una raza privilegiada "forjadora de cultura".[7] Los judíos, en cambio, representaban para él un pueblo destructor de esa cultura. Hitler veía en el antisemitismo un fundamento de su misión histórica. Esto le llevó a desencadenar una implacable persecución, que comenzó por despojar a los judíos de sus bienes, continuó con su discriminación en todos los aspectos y culminó con cinco millones de víctimas en los campos de concentración. Nacionalismos que se transforman en imperialismos.
Las apetencias de expansión y dominio del régimen nacional socialista que desembocaron en la invasión de Polonia por Alemania, significó el estallido de la guerra dos días después. La agresión de Alemania a Polonia se hacía inevitable. Polonia, Estado eslavo, constituía una traba para la expansión hacia el este soñada por Hitler. Desde 1919, Alemania intentaba formular una reclamación de índole fronteriza a costa de Polonia, país que comprendía una minoría germana entre 700 y 800 mil individuos, que en opinión de los alemanes, las fronteras de Alta Silesia también constituían una "flagrante injusticia". Además, la cuestión de Danzig (Gdańsk) y el corredor polaco venían produciendo grandes fricciones entre Varsovia y Berlín. En 1919 Danzig se convirtió en un estado libre bajo control de la Sociedad de Naciones,[8] pero Alemania lo reivindicaba por estimar que su población era casi exclusivamente de lengua alemana.

La rendición.
Si en el anterior artículo explicábamos como la situación de Alemania, a causa de las duras condiciones del Tratado de Versalles, supuso un aliciente para el estallido del nuevo conflicto, las exigidas en esta nueva rendición no fueron menos severas. Alemania debió aceptar la rendición incondicional y los aliados dividieron su territorio en cuatro zonas de ocupación (norteamericana, inglesa, francesa y soviética).

La ciudad de Berlín, situada en la zona rusa, también fue dividida en cuatro zonas. Además, Alemania sufrió el desmantelamiento de su potente aparato industrial, fuente de su poder armamentístico, cierto, pero también la fuente de toda su infraestructura y poder económico.

En el caso de Japón las consecuencias fueron más drásticas, pues firmó la rendición tras las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki, que dejaron serias secuelas tanto entre su población como en sus campos de cultivo durante generaciones, y supuso el inicio de la carrera armamentística nuclear que originó las grandes tensiones de la Guerra Fría.


Bomba atómica sobre Nagasaki
Los cambios territoriales.
Austria y Checoslovaquia recuperaron su autonomía. La frontera polaca siguió la línea del Order-Neisse y en consecuencia, Alemania perdió la Prusia Oriental y los territorios ubicados al este de dicha línea. Los aliados de Alemania (Bulgaria, Hungría, Rumania y Finlandia) firmaron tratados de paz con los aliados, imponiéndose las condiciones dictadas por los soviéticos que ocupaban esos países.

Italia perdió su imperio colonial: Trieste fue entregada a una comisión internacional, en tanto que l Venecia Julia pasó a manos de Yugoslavia. Japón perdió sus conquistas. China recuperó Formosa y la U.R.S.S. recuperó Salajín. Los Estados Unidos, por su parte, ocuparon posiciones estratégicas en el Pacífico y Corea quedó ocupada por fuerzas norteamericanas y soviéticas. De ésta ocupación y contaminación ideológica (en la que ambos bloques son responsables) surgió el caldo de cultivo que degeneraría años más tarde en el conflicto de la “Guerra de Corea”

Los cambios políticos y la cooperación internacional.

Europa perdió gran parte de su poder frente a Estados Unidos, lo que llevó a la hegemonía de las dos superpotencias vencedoras: E.E.U.U. como defensor del modelo capitalista de mercado y U.R.S.S., defensora del comunismo, que empezó a expandirse por la tullida Europa Oriental y los Balcanes. Esto originó un nuevo conflicto ideológico que durante varias décadas sembró el temor ante una nueva guerra a escala global, en esta ocasión atómica. Y es que Rusia, bloque antagónico a los Estados Unidos, también invirtió en armamento nuclear. El mundo se volvió a dividir en dos bloques enfrentados que se miraban con creciente hostilidad.

No obstante, en esta época de tensiones, en la vieja Europa, renació aquella vieja idea de la cooperación como herramienta de unificación al servicio de la paz y la concordia. Es más, se entendió de forma paulatina que para que la paz fuese estable y duradera no sólo hacía falta cooperar sino responsabilizarse de las acciones. Se debían ceder competencias a favor de una unidad europea. Aunque no ocurrió de la noche a la mañana, de hecho aún se trabaja en este sentido, esta ambiciosa idea cobró verdadera importancia después de la Segunda Guerra Mundial.

Así nacieron primero organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, cuyos objetivos fueron mantener la paz y la seguridad internacional, fomentar relaciones amistosas entra las naciones y la solidaridad internacional, y promover la cooperación internacional para la resolución de problemas de orden económico, social y cultural.

Fruto de ésta nueva ideología también nacieron, esta vez en el marco europeo, otras organizaciones destinadas a la colaboración e integración como la CECA, EURATOM y la CEE.


La Cortina de Hierro, que dividió a Europa en dos bloques bien definidos
La Guerra Fría: temor a un conflicto nuclear.
La derrota del totalitarismo nazi-fascista no garantizó las buenas relaciones entre las potencias vencedoras, como ya hemos apuntado, las cosas fueron bien distintas. En 1947 se inicia la “Guerra Fría“, expresión usada para definir la tensión entre las dos grandes superpotencias y sus aliados (la U.R.S.S. y las llamadas “democracias populares” frente a las democracias occidentales). Ambos bloques iniciaron una carreara armamentista, propagandística y diplomática que llegó, en varias ocasiones, al borde de la “guerra nuclear“. Aquella guerra psicológica terminaría con un claro vencedor, los Estados Unidos y el capitalismo como modelo de mercado internacional, lo que supuso la hegemonía de EEUU como superpotencia internacional.

El papel de los Estados Unidos en la restructuración de Europa.
Estados Unidos fue quien ayudó a resurgir a la vieja Europa gracias al llamado Plan Marshall que ayudó económicamente a reconstruir las principales infraestructuras europeas destruidas durante la guerra y que permitió a los Estados Unidos no sólo mantener a raya la expansión del bloque soviético, sino convertirse en el banquero de Europa, asentado su estatus de superpotencia.

Para terminar, no debemos olvidar las repercusiones que la política de bloques surgida tras la guerra ocasionó en los distintos países satélites, tanto del bloque capitalista como del soviético, que han degenerado en lamentables guerras civiles durante la última década del siglo XX y de las que hablaremos en próximos artículos.



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